Por qué evitar el desayuno es una muy mala idea

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Una de las estrategias más comunes de mucha gente para perder peso es no desayunar. Esta estrategia nunca funciona en ningún caso. Veamos por qué.

A priori parece ser una buena idea, es decir, prescindir de una comida es igual a menos calorías. Pero el hecho de no desayunar nos crea algunos problemas fundamentales, por ejemplo, según algunos estudios las personas que no desayunan tienden a tener más hambre durante el resto del día y debido a esto, es muy común que terminan consumiendo más calorías totales a lo largo de toda la jornada.

Las claves del desayuno

Desayunar significa “terminar el ayuno”, o sea, usted vuelve a comer después de lo último que comió el día anterior. Nuestros cuerpos no están diseñados para ayunar por largos períodos de tiempo, lo ideal sería comer una pequeña porción de comida cada 3 o 4 horas, no más de 5 horas deberían pasar entre cada comida, con la excepción de las aproximadamente 8 horas de sueño. ¿Por qué?

El cuerpo es una máquina eficiente que está estrechamente regulada por sus hormonas. Por ejemplo, a medida que su cuerpo digiere la cena de anoche la va convirtiendo en combustible (glucosa), a su vez, los excesos de este combustible los convierte en grasa.
Cuando no queda más nada para digerir, el hígado se lo hace saber al cerebro y este, a su vez, induce al estómago a producir ghrelina (la hormona que nos provoca sentir hambre). Lo que su cuerpo no sabe es que usted decidió obviar el desayuno en un esfuerzo por perder peso.

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Una persona puede hacer esto un par de veces sin efectos adversos, pero después de varios días sin desayunar, su cuerpo al producir ghrelina frecuentemente entrará en “modo de hambre”. La consecuencia de esto es que disminuirá su metabolismo, y en vez de perder peso, comenzará a ganarlo, ya que su cuerpo ha reducido el número de calorías que necesita para mantenerse funcionando. Este proceso a mediano plazo generalmente produce que la persona tenga más hambre y finalice el ciclo consumiendo más comida, muchas veces con atracones incluidos.

La ley de las compensaciones

El hecho de no desayunar puede hacer pensar a la persona en que puede darse una “licencia” durante alguna de las otras comidas, es muy común que esta “ley de compensación” tenga como resultado un mayor porcentaje diario en la ingesta de calorías. Por el contrario, es sabido que las personas que comen un desayuno rico en proteínas tienen menos hambre durante el día. Esto tiene una explicación: consumir un desayuno rico en proteínas hace que el cuerpo produzca hasta un 20% menos de ghrelina (hormona del hambre) durante el resto del día.

El desayuno ideal

El desayuno es la comida más importante del día y debe comprender entre el 15 al 20 % de las calorías totales de todo el día, es decir, solamente una taza de café no es un buen desayuno.
Una investigación realizada por la Universidad de Michigan encontró que las personas que reportaron menos hambre durante el resto del día fueron quienes consumieron un desayuno compuesto por un 40% de proteínas (leche, yogur, queso, soja, semillas, mantequilla de maní, etc.), 40% de carbohidratos (cereales, avena, nueces, pan integral, etc.) y 20% de grasa (mantequilla, margarina, quesos, etc.), esa sería la combinación ideal para nuestra primer comida del día.

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