Anemia: lo que hay que saber

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La anemia no es una enfermedad, es una señal de que el cuerpo no tiene suficientes glóbulos rojos. Los glóbulos rojos son los encargados de suministrar el oxígeno a los tejidos. Las causas pueden ser muchas. Vamos a ver en este artículo las causas, los síntomas y los posibles tratamientos.

En circunstancias normales, la médula ósea incorpora hierro en la hemoglobina, el componente principal de los glóbulos rojos de la sangre.
Los rangos normales son 13-15 g/L para los hombres y de 12 a 14 g/L para las mujeres.
El glóbulo rojo maduro es liberado para realizar su trabajo de transporte de oxígeno por todo el cuerpo y, al igual que todas nuestras células, envejece y muere después de unos tres meses. Su hierro es reutilizado por la médula ósea para producir nuevas células sanguíneas.
La anemia se produce cuando el número de glóbulos rojos de la sangre cae por debajo de lo normal. Y puesto que la pérdida diaria de hierro (el componente principal de la hemoglobina) es mínima (excepto con la menstruación) la anemia debe siempre ser considerada como algo anormal.
Hay varios tipos de anemia pero la más habitual es la ‘ferropénica’, que se debe a la falta de hierro, cuya incidencia es más alta en niños en edad de crecimiento, mujeres jóvenes y adultos con carencias de alimentación.
Debido a que la anemia está fuertemente vinculada a la alimentación, es más habitual en países pobres, pero aún así, también es bastante habitual en países desarrollados.

Posibles causas de la anemia:

Algún problema en la médula ósea que afecte la producción de glóbulos rojos.
Corta vida de los glóbulos rojos de la sangre (Hemólisis).
Falta de los glóbulos rojos por pérdida de sangre.
Falta de nutrientes, vitaminas y minerales para generar glóbulos rojos suficientes (vitamina B12, ácido fólico y hierro).
Alteraciones en el revestimiento de los intestinos o estómago que afecten la absorción de los nutrientes.
Alimentación deficiente.
La utilización de ciertos medicamentos.
Algunas enfermedades crónicas (colitis ulcerativa, artritis reumatoidea o cáncer).
Sangrado interno por el uso demasiado frecuente de analgésicos como el ibuprofeno.

Los principales síntomas de la anemia son:

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Palidez. Signo característico como consecuencia del descenso de la concentración de hemoglobina en la sangre.
Cansancio: el individuo anémico por lo general se siente fatigado.
Disnea: sensación de falta de aire.
Taquicardia o palpitaciones: en algunos casos son persistentes. Si la anemia es muy intensa puede haber una alteración en la respiración (mas rápida) y/o pérdida del conocimiento.
Alteraciones de la visión.
Dolor de cabeza: Cuando la anemia es aguda, pueden manifestarse cefaleas o vértigo.
Cambios de conducta: aturdimientos, problemas para comunicarse o concentrarse en alguna tarea.
Alteraciones en la menstruación: es la causa más común de anemia en las mujeres jóvenes, aunque suele ser una anemia suave, si es más intensa, suele manifestarse una baja del ritmo menstrual.
Problemas digestivos: náuseas, estreñimiento o anorexia.
Ataque cardíaco: Los casos de anemia grave pueden ocasionar niveles muy bajos de oxígeno en algunos órganos, como el corazón, lo que puede dar lugar a un ataque cardíaco.
Problemas renales: puede darse una retención de líquidos que derive en la hinchazón en las piernas o edemas.

¿Cómo se diagnostica? Para saber si una persona tiene anemia, lo que se hace es un examen llamado “hemograma”, en este análisis se estudian los niveles de los diferentes componentes de la sangre, glóbulos rojos, hemoglobina, glóbulos blancos y plaquetas. Resultados anormales en este estudio, pueden estar indicando que estamos frente a una anemia o alguna otra enfermedad. También podríamos estar frente a una infección.

Tratamientos:

El tratamiento siempre va a depender de lo que ocasione la anemia. En cualquier caso, el cometido será aumentar el nivel de oxígeno que la sangre es capaz de transportar, puede ser mediante la concentración de hemoglobina o el aumento de glóbulos rojos.
Evidentemente, habrá que tratar también el origen de la anemia, lo que la haya provocado.

Medicamento que ayude a que la médula ósea produzca más glóbulos rojos.
Suplementos de vitaminas y minerales, principalmente de vitamina B12, ácido fólico y hierro.
Transfusiones de sangre.
En casos graves puede considerarse la posibilidad de un trasplante de médula ósea (síndromes hereditarios por ejemplo).

Recomendaciones alimenticias:

Como hemos dicho mas arriba la anemia de mayor incidencia es la “ferropénica”, este tipo de anemia se debe a la falta de hierro en el organismo.
Veamos por tanto, una lista de los alimentos más ricos en hierro:

Mariscos (almejas, mejillones y berberechos).
Carnes rojas en general (especialmente el hígado es muy rico en hierro).
Legumbres (lentejas, guisantes, garbanzos).
Todas las verduras de hoja verde.
Pan y arroz integrales.
Frutos secos (nueces, almendras, pistachos).

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